17 de mayo de 2010

El político y el ladron


Gustavo de Roux, me envía esta interesante nota, que nos deja bien claro una diferencia que sospechamos pero que nos cuesta trabajo explicar.

El conocido columnista del diario "O Globo do Brasil", Millor Fernandes, lanzó un desafío público entre sus lectores, con la siguiente pregunta:

-¿Cuál es la diferencia entre Político y Ladrón?.

Le llamó mucho la atención la respuesta de un lector:

-Estimado Millor: después de una larga búsqueda llegué a esta conclusión:
La diferencia entre el político y el ladrón:

Es que yo elijo a uno, y el otro me elije a mi..... Igual ambos nos roban
.....¿Estoy en lo cierto?.
Atte.: Fabio Viltrakis,
Estado de Sao Paulo.

Esta fue la réplica de Millor:

- ¡Uau, Viltrakis!, usted es un genio... Fue el único que logró encontrar una diferencia!



20 de abril de 2010

Los 11 principios de la propaganda de Goebbles

A propósito de la guerra sucia que se perfiló hoy en las redes sociales y en algunos medios de comunicación, sobre la campaña VERDE; transcribo estos 11 principios clásicos de la propaganda que no dejan de sorprenderme por su vigencia y su ortodoxa aplicación y uso.

Como bien sabemos Goebbles uso el marketing social, ensalzando muchos sentimientos de orgullo, promoviendo odios y en numerosas ocasiones mintiendo y convenciendo de cosas muy alejadas de la realidad.

1-Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único Símbolo; Individualizar al adversario en un único enemigo.

2-Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo; Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

3-Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”.
4-Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.

5-Principio de la vulgarización. “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”.

6-Principio de orquestación. “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.

7-Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.

8-Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.

9-Principio de la silenciación. Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

10-Principio de la transfusión. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

11-Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”, creando impresión de unanimidad.


14 de abril de 2010

¿ Adios Socialismo ?

Dentro del interesante y variado menu de novedades y presentaciones con que nos tiene acostumbrado
http://ntc-narrativa.blogspot.com/ me tope
este "bocatto-di- cardinale", coeditado y publicado por FICA, Fundación para la Investigación y la Cultura se trata de
¿
"Adios socialismo"? del economista Fred Kaim Torres. La presentación fue muy provocativa:

"Testimonio de una generacion"
En los años 60s estábamos en los veinte: en el colegio habíamos derrotado la dictadura militar (eso creíamos) y luego impusimos una nueva universidad. y una nueva moda sin corbatas, unisexo y sin sexo prohibitivo, con mini -mini faldas, con marxismo y antiimperialismo, con Revolución cubana, con Mao y el Che, con Sartre, con los Beatles , con pedradas y los primeros buses quemados, con Marcuse, con el “68 francés" y con aceptables dosis de marihuana ... Estrenamos cárceles y golpizas y lloramos a nuestros primeros compañeros "caídos en combate". Pero, sobre todo, leíamos, discutíamos.
Fabricamos sueños que se manifestaron en la búsqueda para Colombia de una sociedad abierta, respetable, líbertaria, con ejercicio del derecho a las diferencias, sin explotación, con los trabajadores conduciendo el país: una Revolución Ciudadana, evolutiva, en democracia al socialismo contra la pretensión en boga que se sintetiza en una despedida sin pasajero: "Adiós, Señor Socialismo”.
También nos embarcamos en sueños que terminaron en pesadillas: el camino armado hacia una pretendida “dictadura proletaria", con el nombre de "socialismo". Pero, en los años 90s, la “pesadilla" dio el vuelco hacia el "placer de la revolución”,: la búsqueda, el reencuentro del Ser en lucha contra el poder afincado en la cúspide de una pirámide social donde una minoría absorbe para sí, el valor producido por la inmensa mayoría. Se abre paso una nueva concepción que asocia humanismo y socialismo; bolivarismo y emancipación real, asumiendo el desafío del placer de la revolución en procesos constitucionales, pacíficos, democráticos, evolutivos que - por lo mismo - son realmente revolucionarios.
Placer de la Revolución que no transita por avenidas despejadas y aire puro: por el contrario, es un laberinto plagado de tropiezos y de senderos ciegos, si en lugar de apelar a las mayorías como medicina preventiva, pero sobre todo como método esencial de los procesos, se recurre al dogmatismo; a la fusión Partido-Estado; a un totalitarismo sin división de poderes; a la represión a disidentes; a la estatización burocrática de los Medios y de toda la economía - incluso, de la mediana y pequeña producción mercantil -, en lugar de la socialización.

Los procesos en marcha "al socialismo" en Latinoamérica, parecen confirmar - con algunas pocas excepciones - el éxito promisorio de los nuevos métodos y el divorcio con cualquier pretensión de colocar al Estado y a los partidos que los conducen, por encima del individuo y de la sociedad. Parecen confirmar que "las revoluciones ciudadanas" que se están dando avanzan, fusionando el sueño bolivariano (que no - necesaria ni exclusivamente - es chavista) de la "unidad de la América Meridional”, con el socialista-humanista de la redistribución del ingreso, la igualdad de oportunidades, el progreso socio-económico y cultural en libertad individual y asociativa. ¿Esos experimentos permitirán, exitosamente, una tercera alternativa diferente a las de someter al individuo a las dictaduras, o bien de las corporaciones y Estados capitalistas, o bien del estatismo burocrático que, en última instancia, también es capitalista?: ese es el desafío que están asumiendo los actuales procesos latinoamericanos.

Al comenzar el siglo XXI, esas revoluciones ciudadanas, son lideradas por nuevas generaciones "anti-élites". Ese liderazgo no cayó del cielo. Creo que las generaciones precedentes, las que irrumpieron a la vida política, académica, cultural en los años 60s y 70s, contribuyeron a que
hoy se de una nueva conducción que se está proyectando como ejemplo mundial. Es la impronta de los 60s-70s en los 90s y en el nuevo siglo. Por ello, quizás resulte interesante presentar una pequeña muestra, un testimonio, de la nutrición intelectual de esas generaciones, cuyos aspectos más importantes, además de constituir un puente de ideas, continúan actuales - en polémica, claro está - hacia la búsqueda de "otro mundo" posible.

...despues de escuchar a Fred, donde Estella, se me hace agua la boca por leerlo.

El principio gana-gana


Si miramos el mundo como un todo, nos damos cuenta de que casi nada funciona como es debido. La Tierra está enferma. Y como, por ser humanos, también somos Tierra —hombre viene de humus—, nos sentimos asimismo en cierta manera enfermos.

Parece evidente que no podemos proseguir en ese rumbo, pues nos llevaría a un abismo. Hemos sido tan insensatos en las últimas generaciones que hemos construido el principio de autodestrucción, al que hay que sumar el calentamiento global irreversible. Esto no es una fantasía de Hollywood. Entre aterrados y perplejos, nos preguntamos: ¿cómo hemos llegado a esto? ¿Cómo vamos a escapar de esta situación global sin salida? ¿Qué colaboración puede aportar cada persona?

En primer lugar, hay que entender cuál es el eje estructurador de la sociedad-mundo, principal responsable de este peligroso itinerario. Es el tipo de economía que hemos inventado, con la cultura que la acompaña, que es de acumulación privada, de consumismo no solidario al precio de saquear la naturaleza. Todo se ha hecho mercancía para el intercambio competitivo. Dentro de esta dinámica sólo el más fuerte gana. Los otros pierden, o se agregan como socios subalternos o desaparecen. El resultado de esta lógica de competición de todos contra todos y de la falta de cooperación es la transferencia fantástica de riqueza para unos pocos fuertes, los grandes consorcios, al precio del empobrecimiento general.

Hay que reconocer que durante siglos, este intercambio competitivo ha conseguido abrigar a todos, mal que bien, bajo su paraguas. Creó mil facilidades para la existencia humana. Pero hoy, las posibilidades de este tipo de economía están agotándose como lo ha puesto en evidencia la crisis económico-financiera de 2008. La gran mayoría de los países y de las personas se encuentran excluidas. Brasil mismo no pasa de ser un socio subalterno de los grandes, para el cual se reserva la función de ser un exportador de materias primas y no un productor de innovaciones tecnológicas que le darían los medios de moldear su propio futuro. Todavía no nos hemos descolonizado totalmente.
O cambiamos o la Tierra corre peligro. ¿Dónde buscar el principio articulador de otra forma de vivir juntos, de un sueño nuevo hacia delante? En momentos de crisis total y estructural debemos consultar la fuente originaria de todo: la naturaleza. Ella nos enseña lo que las ciencias de la Tierra y de la vida hace mucho nos están diciendo: la ley básica del universo no es la competición, que divide y excluye, sino la cooperación, que suma e incluye. Todas las energías, todos los elementos, todos los seres vivos, desde las bacterias a los seres más complejos son interdependientes. Una urdimbre de conexiones los envuelve por todas partes, haciéndolos seres cooperativos y solidarios, contenido mayor del proyecto socialista. Gracias a esta urdimbre hemos llegado hasta aquí y podemos tener futuro por delante.

Aceptado este dato, estamos en condición de formular una salida para nuestras sociedades. Hay que hacer de la cooperación, conscientemente, un proyecto personal y colectivo, cosa que no se vio en Copenhague en la COP-15 sobre el clima. En vez del intercambio competitivo donde sólo uno gana y los demás pierden, debemos fortalecer el intercambio complementario y cooperativo, el gran ideal del «bien vivir» (sumak kawsay) de los andinos, mediante el cual todos ganan porque todos participan. Hay que asumir lo que la mente brillante del Nóbel de matemáticas John Nesh formuló: el principio gana-gana, por el cual todos, dialogando y cediendo, salen beneficiados sin que haya perdedores.

Para convivir humanamente inventamos la economía, la política, la cultura, la ética y la religión. Pero hemos desnaturalizado estas realidades «sagradas» envenenándolas con la competición y el individualismo, desgarrando así el tejido social.

La nueva centralidad social y la nueva racionalidad necesaria y salvadora están fundadas en la cooperación, en el pathos, en el sentimiento profundo de pertenencia, de familiaridad, de hospitalidad y de hermandad con todos los seres. Si no realizamos esta conversión, preparémonos para lo peor.